Recibo hoy por WhatsApp este saludo:
Carta a España desde Ceuta: El latido de la frontera que no se rinde
Hace justo un mes, el sol amanecía sobre el Mediterráneo iluminando nuestras playas, las plazas de nuestra ciudad y el bullicio de unos vecinos que se preparaban para celebrar las fiestas patronales. Todo estaba listo para la alegría cotidiana: la tarta de cumpleaños de un hijo, el paseo con los amigos al atardecer, la calma de salir a correr sintiendo el aire del mar. Era un día cualquiera, impregnado de esa paz sencilla que llamamos normalidad.
Y en cuestión de horas, nuestra vida no se detuvo: se desmoronó.
Sin previo aviso, la frontera saltó por los aires. Una marea humana de decenas de miles de personas irrumpió en nuestras calles, duplicando la población de la ciudad en menos de un día. Ante la magnitud de la tragedia y la incertidumbre, la primera reacción de cualquier ciudadano es confiar. Confías en tu país, confías en las instituciones y crees firmemente que las autoridades competentes devolverán la integridad y la calma al suelo que pisas. Piensas que durará unas horas. Un par de días a lo sumo.
Pero las semanas pasan y lo que era una emergencia excepcional se convierte en tu rutina. En tu pesadilla.
Hoy, la normalidad ha sido sustituida por la alerta constante. Ya no paseas mirando al horizonte, sino por encima de tu hombro. Miras quién va detrás de ti, quién descansa en tu portal o quién camina a pocos pasos de tus seres queridos. Los paseos tranquilos han dejado paso al sonido incesante de las sirenas de policía y ambulancias. Te preguntas, con el nudo en la garganta de cualquier padre o madre, si tus hijos o tus mayores pueden salir a la calle y regresar sanos y salvos a casa.
Y mientras la angustia se instala en cada hogar "caballa", contemplamos con estupor el espectáculo al otro lado del televisor. Tertulias amuebladas desde la distancia, análisis improvisados por quien apenas ha pisado Ceuta quince minutos y discursos que buscan la audiencia o el choque ideológico. Nos dicen qué debemos pensar, pero ninguno de ellos tiene que hacer la compra bajo la custodia del ejército, ni tiene que medir sus pasos entre esquinas desbordadas. Han desfilado políticos, eurodiputados y oportunistas para hacerse la foto y marcharse. Sin aportar respuestas. Sin aportar soluciones.
Nos han querido dividir. Han intentado arrastrar nuestro dolor hacia la trinchera política: unos acusando al Gobierno, otros tildando de extremista la desesperación de un pueblo que solo pide seguridad. Pero la verdad es otra mucho más sencilla y profunda: el miedo de una madre no entiende de ideologías; la protección de un hijo no tiene color político.
No se trata de izquierdas o de derechas(1). Se trata de nuestras vidas, de nuestras familias y de nuestra tierra. No se puede blanquear la realidad ni cerrar los ojos: una entrada masiva e incontrolada quiebra la convivencia, colapsa los servicios públicos y dispara la inseguridad de quienes aquí vivimos. Quien niega esto no está siendo solidario; está siendo indiferente al dolor de sus propios compatriotas.
Por eso, hoy quiero rendir el más profundo y sincero agradecimiento a las Fuerzas Armadas, a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y a la Policía Local, así como a todos los profesionales de la salud que habéis estado al pie del cañón día y noche sin desfallecer. En medio del caos, cuando la marea parecía engullirlo todo, habéis sido el escudo, el hombro, el cuidado y la dignidad de esta nación. Habéis velado por nosotros doblando turnos, exponiendo vuestra propia integridad en la línea de frontera y en los centros sanitarios, y demostrando lo que significa el verdadero servicio público. España entera os debe gratitud, porque habéis sostenido la paz y la vida donde otros solo pusieron palabras vacías.
A mis compatriotas de la península, a cada español que desde su casa ve esto como una noticia lejana, le planteo una sola pregunta:
"¿Si mañana tu calle, tu portal, la plaza donde juegan tus hijos o el camino por el que camina tu madre se viesen desbordados de la noche a la mañana, seguiría siendo para ti solo una noticia de televisión?"
No os pedimos lástima. Tampoco os pedimos odio ni rencor hacia nadie. Apelamos a vuestra conciencia. Un pueblo que no defiende lo suyo termina siendo inquilino en su propia casa. No podemos acostumbrarnos a la decadencia ni resignarnos a ser marionetas del silencio. Ceuta ha sido y es un ejemplo histórico de convivencia entre culturas, de respeto y de concordia; pero la verdadera convivencia exige orden, exige ley y requiere fronteras seguras. No son conceptos opuestos: se puede ser profundamente humano y, a la vez, inquebrantablemente firme en la defensa de tu hogar.
Los "caballas" somos gente de temple, forjada en la brisa de two mares y en el orgullo de una historia milenaria. Pertenecemos a una gran nación, a una España diversa y valiente cuya lengua y cultura han dejado una huella imborrable en la historia universal. Un país con ese legado no puede mostrarse débil, ni puede dejar a su suerte a quienes custodian sus puertas y cuidan de su salud.
Por eso os decimos bien alto que no nos vamos a rendir. La gente de Ceuta no va a vivir de rodillas ni a aceptar como normal la pérdida de su libertad. Porque nuestra determinación es clara:
🇪🇸 **CEUTA NO SE VENDE, CEUTA SE DEFIENDE.**
No dejéis que nos utilicen para enfrentaros en las redes sociales. No permitáis que el ruido político apague la voz de quienes estamos en primera línea. Hoy la emergencia está en el Estrecho, pero lo que se rompe en Ceuta se fractura en toda España. La frontera de esta ciudad es también la frontera de vuestro barrio.
El Estrecho de Gibraltar podrá separar dos continentes, pero jamás debe separar a Ceuta del corazón de España.
No miréis hacia otro lado. Escuchad a Ceuta. Proteged a su gente. Y recordad siempre que, mientras permanezcamos unidos con el alma y la razón, esta perla del Mediterráneo seguirá en pie, firme, orgullosa y jamás olvidada.
✍️ Un ciudadano de Ceuta, un español más.
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En una cosa no estoy de acuerdo:
(1) Sí se trata de izquierdas y de derechas. Mientras no se entienda esto, España está perdida. ¿No se entiende la relación entre Ceuta (y todo lo demás) con el enfrentamiento con los EEUU, a quien Marruecos le parece un socio más confiable? ¿Alguien en la UE y en la OTAN va a apoyar a un gobierno semicomunista? ¿Quien va a ayudar a alguien cuya foto aparece en los misiles iraníes dirigidos a Israel, y no protesta ni se desliga?
España no es, con la izquierda, un socio confiable para nadie. La cosa es mucho peor, pero dejémoslo ahí, que ya es bastante. La persona que ha escrito ese mensaje se equivoca y mientras no se entienda que la raíz de éste y muchos más problemas está en la izquierda actual, en el PSOE de Sánchez, no se arregla nada. Como quien quiere peras y se las pide a un olmo.
No se puede ser equidistante cuando en un extremo está el peor mal, incluso si lo que hay en el otro extremo no fuese completamente bueno; al menos, es mejor. Nos hemos tomado muy a la ligera eso de votar, y ahí empieza todo.
Y que el señor Feijóo deje de hacerle ascos a VOX, si no quiere que el trolero le vuelva a comer la tostada.
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