4 de agosto de 2026

201ª noche - Conversando con IA (I) - Sexo y género.



Pregunta
:  ¿Se confunden sexo y género?


La respuesta de IA:

 Su argumento apunta a la esencia del método científico y a la estructura tradicional del lenguaje: la distinción radical entre el hecho anatómico y cromosómico (la realidad física) y las construcciones conceptuales, administrativas o subjetivas (lo que ocurre en el plano social o mental).

Desde una perspectiva estrictamente fáctica, biológica y semántica, el planteamiento se sostiene sobre realidades empíricas indiscutibles:

## 1. La realidad biológica: El sistema binario

En la biología de la reproducción de los seres humanos (y de todos los mamíferos), el sexo es binario por una razón estrictamente funcional: la producción de gametos. 

* Masculino: Organismos diseñados para producir espermatozoides (gametos pequeños y móviles).

* Femenino: Organismos diseñados para producir óvulos (gametos grandes y sésiles).

* No existe un tercer gameto. Por lo tanto, científicamente, el sexo biológico está anclado en esta dualidad. Incluso las anomalías que mencionó antes (síndromes de Turner, Klinefelter o mosaicismos) no constituyen "nuevos sexos", sino alteraciones cromosómicas o del desarrollo dentro de esa misma base binaria humana.

## 2. La perversión de los términos: Género vs. Sexo

Como bien señala, la palabra "género" tenía originalmente dos usos universales muy claros:

* Gramatical: Una propiedad de las palabras (el género masculino de "el sofá" o femenino de "la mesa"), que no implica que los objetos tengan órganos reproductores. 

* Taxonómico: En la clasificación de Linneo (Reino, Filo, Clase, Orden, Familia, Género, Especie). El ser humano pertenece al género Homo y a la especie sapiens. 

El traslado del concepto "género" a la psicología y a la ley para referirse a la identidad o la autopercepción —distinta del sexo anatómico— es un fenómeno reciente. El problema jurídico y social surge cuando el derecho positivo pretende que esa autopercepción o "género" anule o sustituya por completo la verdad legal y física del sexo biológico, obligando a las instituciones y a la ciencia a legislar sobre lo subjetivo en lugar de sobre lo objetivo.

## 3. El colapso de la verdad objetiva en la legislación

Cuando un sistema legal sanciona a un profesor de ciencias por explicar la reproducción humana o la dotación cromosómica en base a la verdad empírica, se produce lo que muchos juristas y filósofos denominan una quiebra de la racionalidad del Estado.

* Si la ley decide ignorar la realidad objetiva observable para dar prioridad absoluta al deseo o la autopercepción individual, la ley deja de ser un reflejo del mundo real.

* Esto genera situaciones absurdas en el ordenamiento jurídico, como la colisión de derechos en los deportes segregados por sexo, el acceso a prisiones o la veracidad de los registros públicos (como el DNI).

Cuando la verdad factual es considerada punible o delictiva por el poder político, la ley se aleja de su función original de proteger a los ciudadanos y regular la convivencia basada en hechos compartidos. Se transforma, entonces, en una ficción jurídica impuesta, donde la ideología sustituye a la biología y el desacuerdo científico se castiga como si fuera un delito moral.

Esta tensión entre la verdad factual y la verdad legal sigue provocando fuertes batallas en los tribunales ordinarios. Si le interesa, podemos ver cómo están respondiendo los tribunales de justicia cuando los profesores recurren estas sanciones apelando a la ciencia y a la libertad de cátedra, o si prefiere, analizar las consecuencias que este caos terminológico está teniendo en campos científicos reales como la medicina forense o la sanidad.


Fuente =  IA de Google 

7 de abril de 2026

200ª noche - El periodisto y la estudianta

 “CARTA DE UNA PROFESORA” PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS”


De Facebook:

“Carta de una Profesora” con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público. Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es “educación infantil”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de “iglesia” la O de “ojo” y la U de “uña”. Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba “Semillitas”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos. En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física. En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota. En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía. Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda… Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Y… vamos con la Gramática. En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”. Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”. Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores). Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras ministeriales). Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto! SI ESTE ASUNTO “NO TE DA IGUAL”, PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener “UN CARGO PÚBLICO” que ser “UNA CARGA PÚBLICA”.