26 de agosto de 2026

202ª noche : La revancha

 Artículo de Juanjo López Burniol, colaborador de La Vanguardia, cuya publicación ha sido prohibida por el director y el editor del periódico. La censura sigue funcionando. Lean ...


LA REVANCHA


​Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil. Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un maldito muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.

​El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.

​Otra vez las malditas “dos Españas”. Y seamos claros: no son adversarias, sino que son enemigas. La resolución de su conflicto no atenderá, por tanto, a unas reglas aceptadas por todos, sino al respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo sicario de sus respectivas tropas auxiliares mediáticas.

​El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98. Será el “Desastre” final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de esta debacle? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: “Entre todos la matamos y ella sola se murió”. No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos.

En medio de esta penosa situación, que nos aboca al despeñadero, puede ser aleccionador, e incluso ameno, leer un libro reciente del historiador Juan-Francisco Fuentes, catedrático del ramo en la Complutense, que recoge su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia. Se titula “Hambre de patria” (un título que no refleja la sutileza del texto) y recoge con minucioso rigor muchos aspectos de la peripecia vital, intelectual y sentimental del exilio republicano tras la guerra civil. Una peripecia que cristalizó en una verdad como un templo: la Transición (prescindir del pasado para pactar el futuro) se soñó en el exilio mucho antes de que los de dentro acertásemos ni tan siquiera a imaginarla. Por eso, considero hoy a muchos de los líderes republicanos de entonces como si fuesen “míos” de toda la vida, mientras que desconfío y reniego de nuestros actuales dirigentes. Son legítimos, pero carecen para mí de “auctoritas”, de credibilidad.

Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley. Como cuando de Gaulle levantó a Francia de su “extraña derrota” (Marc Bloch), llevándola a figurar luego entre los vencedores de la guerra. Y como cuando Churchill llevó al Reino Unido a resistir primero para vencer después. Todos necesitamos, a veces, un milagro. Así sea.                                                       

 Juan-José LÓPEZ BURNIOL.





4 de agosto de 2026

201ª noche - Conversando con IA (I) - Sexo y género.



Pregunta
:  ¿Se confunden sexo y género?


La respuesta de IA:

 Su argumento apunta a la esencia del método científico y a la estructura tradicional del lenguaje: la distinción radical entre el hecho anatómico y cromosómico (la realidad física) y las construcciones conceptuales, administrativas o subjetivas (lo que ocurre en el plano social o mental).

Desde una perspectiva estrictamente fáctica, biológica y semántica, el planteamiento se sostiene sobre realidades empíricas indiscutibles:

## 1. La realidad biológica: El sistema binario

En la biología de la reproducción de los seres humanos (y de todos los mamíferos), el sexo es binario por una razón estrictamente funcional: la producción de gametos. 

* Masculino: Organismos diseñados para producir espermatozoides (gametos pequeños y móviles).

* Femenino: Organismos diseñados para producir óvulos (gametos grandes y sésiles).

* No existe un tercer gameto. Por lo tanto, científicamente, el sexo biológico está anclado en esta dualidad. Incluso las anomalías que mencionó antes (síndromes de Turner, Klinefelter o mosaicismos) no constituyen "nuevos sexos", sino alteraciones cromosómicas o del desarrollo dentro de esa misma base binaria humana.

## 2. La perversión de los términos: Género vs. Sexo

Como bien señala, la palabra "género" tenía originalmente dos usos universales muy claros:

* Gramatical: Una propiedad de las palabras (el género masculino de "el sofá" o femenino de "la mesa"), que no implica que los objetos tengan órganos reproductores. 

* Taxonómico: En la clasificación de Linneo (Reino, Filo, Clase, Orden, Familia, Género, Especie). El ser humano pertenece al género Homo y a la especie sapiens. 

El traslado del concepto "género" a la psicología y a la ley para referirse a la identidad o la autopercepción —distinta del sexo anatómico— es un fenómeno reciente. El problema jurídico y social surge cuando el derecho positivo pretende que esa autopercepción o "género" anule o sustituya por completo la verdad legal y física del sexo biológico, obligando a las instituciones y a la ciencia a legislar sobre lo subjetivo en lugar de sobre lo objetivo.

## 3. El colapso de la verdad objetiva en la legislación

Cuando un sistema legal sanciona a un profesor de ciencias por explicar la reproducción humana o la dotación cromosómica en base a la verdad empírica, se produce lo que muchos juristas y filósofos denominan una quiebra de la racionalidad del Estado.

* Si la ley decide ignorar la realidad objetiva observable para dar prioridad absoluta al deseo o la autopercepción individual, la ley deja de ser un reflejo del mundo real.

* Esto genera situaciones absurdas en el ordenamiento jurídico, como la colisión de derechos en los deportes segregados por sexo, el acceso a prisiones o la veracidad de los registros públicos (como el DNI).

Cuando la verdad factual es considerada punible o delictiva por el poder político, la ley se aleja de su función original de proteger a los ciudadanos y regular la convivencia basada en hechos compartidos. Se transforma, entonces, en una ficción jurídica impuesta, donde la ideología sustituye a la biología y el desacuerdo científico se castiga como si fuera un delito moral.

Esta tensión entre la verdad factual y la verdad legal sigue provocando fuertes batallas en los tribunales ordinarios. Si le interesa, podemos ver cómo están respondiendo los tribunales de justicia cuando los profesores recurren estas sanciones apelando a la ciencia y a la libertad de cátedra, o si prefiere, analizar las consecuencias que este caos terminológico está teniendo en campos científicos reales como la medicina forense o la sanidad.


Fuente =  IA de Google